Veo la mano de Dios en todo lo que eres,
en cada sonrisa, en cada cicatriz.
Tu belleza resplandece, una luz tan singular,
un regalo precioso, incomparable.
Tu corazón bondadoso, tu manera amable,
reflejan Su amor en cada nuevo día.
Tu risa suaviza cada noche,
un regalo de Él, un puro deleite.
A través de ti, veo Su amor y Su gracia,
en cada paso, en cada lugar.
Porque la belleza no es solo lo que se ve,
sino que se encuentra en tu interior.
Así que aquí estoy, tan bendecido por ser
amado por el alma que Dios me dio.
Porque en tus ojos, encuentro claramente,
su amor, su alegría, su corazón entrelazado.
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