Tu bondad fluye como un arroyo suave,
un corazón tan puro, un sueño lleno de esperanza.
En cada palabra y acto que me brindas,
me muestras cómo debe vivir un alma.
Tu fe, inquebrantable, profundamente verdadera,
muestra la dulce gracia de Dios en todo lo que haces.
Con las manos abiertas, das y cuidas,
un amor inmenso, un amor tan singular.
Doy gracias a nuestro Señor por todo lo que eres;
una luz resplandeciente, mi estrella polar.
Tu fe me inspira, me eleva,
como la suave luz del sol contra el cielo.
Porque gracias a tu bondad he crecido,
para ver el amor de Dios tan claramente manifestado.
Gracias, querido/a, por estar aquí,
con fe y bondad, siempre cerca.